Mostrando entradas con la etiqueta Agricultura Ecológica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agricultura Ecológica. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de abril de 2016

Catabres y resistencia cultural

En aquel proyecto de país que el capitalismo industrial nos hizo abortar existía una figura romántica, importantísima, que empezó a ser mal vista cuando estalló la bomba de lo que llamaron “modernidad”: el paso de la sociedad rural a la despiadada urbanización: el intento de convertirnos en urbanos y cosmopolitas: Santos Luzardo asesinando una y otra vez a Doña Bárbara cuando ya antes había liquidado a los indígenas. Esa figura era el catabre o cataure.
***
“Catabre”, hablando estrictamente de su significado original, es la totuma, vasija o recipiente donde los campesinos guardan las semillas que sembrarán cuando llegue el momento, pero esa palabra se trasladó por extensión a unos señores que iban por los pueblos repartiendo semillas. Algunas las vendían, otras las intercambiaban por las que no tenían o les pedían en otros pueblos, algunas más las regalaban.
Esos señores cumplían la labor de los pájaros y algunos insectos: propagaban por donde pasaban el germen de lo que después serán especies alimenticias.
Dicen quienes los vieron por esos caminos que se trataba de señores con aspecto de mendigos, barbudos y de vestir descuidado, pero llevaban su tesoro en los bolsillos o en pequeños sacos o mapires; sus catabres para nómadas. La sociedad industrial banalizó esa función y la convirtió en objeto de burla o vergüenza, que es lo mismo que decir que los criminalizó y los condenó a muerte.
***
Cuando los burgueses y aristócratas decidieron que para ser “gente decente” había que enrollarse una maldita corbata en el pescuezo la palabra “catabre” empezó a convertirse en insulto. En la Carora de mi juventud oí decir de mucha gente que andaba con la ropa sucia o rota que “parecía un cataure”. Aunque la mayoría no sabía qué significaba eso exactamente, a los muchachos nos daba risa, tal vez porque el nombrecito era feo y así como campuruso (quizá el mismo proceso sociológico y mental que lleva a muchos a tenerle verguita a la palabra y la idea de conuco). Cataure: viejo loco que en vez de ir a comprar caraotas al supermercado trata de enseñarle a la gente que puede sembrar matas en el patio de su casa, que hay cientos de variedades de granos y que son gratis.
***
El proceso de destrucción moral de los catabres es el mismo que, con los años y mientras avanza el empeño en alejarnos de la naturaleza/urbanizarnos, ha hecho que odiemos o nos avergüencen nuestra forma de hablar, nuestros olores corporales, nuestro impulso a jugar (¿trabajar?) con tierra, los muchos colores de nuestra piel, nuestras comidas originarias, nuestra música, nuestras costumbres, nuestras formas de procurarnos los alimentos y la vivienda. ¿Para qué sembrar una mata de aguacate si en Central Madeirense venden los aguacates que antes sembraron unos campesinos feos, desconocidos y jediondos? ¿Para qué hacer una casa si para eso quedaron los ignorantes de mierda, esos esclavos albañiles que no estudiaron como estudié YO y por lo tanto merecen el trabajo esclavo que lo humilla (y YO el trabajo intelectual que me enaltece)? ¿Para qué enseñarles a mis hijos a sembrar y construir su casa, si los hijos de los actuales esclavos seguirán el ejemplo de sus padres para que los míos sean profesionales e intelectuales sifrinos, de esos que citan a Marx campaneando un güisqui? ¿Para qué enseñarles a los muchachos urbanos a ordeñar una cabra o una vaca y con ello enseñarles el origen profundamente amoroso y humano de componer tonadas, si para eso están los muchos Simón Díaz que les roban la expresión artística a los miles de artistas genuinos pero anónimos? ¿Para qué andar por la vida oliendo a ser humano si hay tanto desodorante, perfume y colonia en el mercado?
Es la misma razón por la que cierto compañero soñador, audaz y revolucionario recibió tantas burlas, ataques, acusaciones de insania mental y pensamiento retrógrado cuando le propuso al país masificar en las viviendas urbanas los gallineros verticales y los conucos en cada balcón y azotea de casa o edificio. Sospechaba ese llanero humilde que si todas las comunidades producían casa por casa sus alimentos ya más nunca habría escasez de nada; que si en cada barrio hubiera suficientes productores de maíz Lorenzo Mendoza tendría que meterse sus quintales de harina inorgánica por el hueco del culo. Pero no, no seas güevón, Chávez: los señores intelectuales tienen que pensar, los administradores tienen que echar números, los abogados tienen que hacer leyes, los méedicos tienen que estafar a los pacientes/clientes y para ello tienen que andar pulcramente vestidos y olorosos a fragancias caras, no con las uñas sucias de tierra ni hediondos a gallina. Hazme tú el favor. Así que hazme la revolución y garantízame la soberanía alimentaria: que los campesinos sigan sembrando y criando animales que serán asesinados en mataderos, porque lo mío es el barrio, la urbanización y el centro comercial. Siasmaricotú.
***
Por ahí cargo un  montón de semillas nativas (al final, algunas fotos con sus leyendas informativas). La mayoría, leguminosas (familias de las caraotas). Ando organizando un par de viveros (Barinas y Yaracuy) para reproducirlas y propagarlas; mientras tanto, se las regalo a quien tenga dónde y cómo sembrarlas y cuidarlas mientras paren. Suena fácil y lo es, pero es una tremenda responsabilidad.
De Nacho Tapía, Walterio Lanz, Gaudy García, Olga Domené y una larga lista de campesinas y campesinos que recuerdan y añoran el viejo arte de comer y dar de comer sin pagar ni cobrar he aprendido lo poco que sé sobre un asunto crucial: la resistencia cultural basada en el reconocimiento y la propagación de nuestras semillas autóctonas.
Hace unas horas realicé una jugada peligrosa. Convencí a las maestras del Simoncito ubicado en Altamira de Cáceres (Barinas) para que me permitan entregarles un puñado de semillas y poner a los niños a germinarlas, y luego a sembrarlas en un  pedazo de terreno que tienen allí mismo. Es peligrosa la jugada porque de esas semillas, casi extintas o en vías de extinción, no sé cuántas pudieran prosperar o perderse. Dependerá de cuánto convenza a esa gente de lo importante y trascendental de cuidar esas matas hasta que den alimentos y nuevas semillas. Confío en la buena vibra de los niños y en la sensibilidad de las maestras. Habrá que poner énfasis en el punto central: tan importante es la semilla como estimular en los chamos el impulso de conocerlas y sembrarlas cuando crezcan. La semilla física acompañada de la semilla ideológica: esos chamos tendrán que comprender un día que sembrar esas bichas extrañas es peligroso, audaz, contracultural, emocionante, útil, importante: revolucionario. Que en México ya no puedes tener unas semillas en tu casa porque vas preso, y que si nos apendejeamos nos zampan una legislación similar en Venezuela.
Soy un aprendiz de catabre. Sí, me siento orgulloso de serlo.
***
La variedad de estas especies comestibles es incalculable; en Venezuela hay centenares de ellas, casi perdidas, perdiéndose en la orilla de las carreteras y los terrenos baldíos, donde crecen y se reproducen como lo que son: como monte. Y como monte son despreciadas o desconocidas: como nos enseñaron que lo que tiene valor es lo que viene empacado y se cobra por kilos, entonces les pasamos por un lado a las muchas caraotas callejeras que se nos ofrecen gratis, camino al supermercado que vende otras menos sabrosas.
Esas bichas callejeras tienen un nombre más o menos genérico: se llaman tapiramas o tapiramos.
Las tapiramas nos alimentaron por cientos o miles de años, hasta que el mercado nos ordenó que comiéramos y consideráramos comestibles sólo a las caraotas negras, blancas y rojas, y no más de seis especies de otros granos comerciales (lentejas, arvejas, frijoles, quinchonchos). La razón: los granos que usted compra en el mercado pueden sembrarse y prosperar a punta de fertilizantes y otros tóxicos, y hacen ricos a unos tipos y unas corporaciones. Su proceso de cosecha es mecanizable porque la mata suele ser pequeña y de tallo alto, y por lo tanto pueden recogerse muchos miles de toneladas en poco tiempo. Las semillas nativas, en cambio:

  1. Son gratis: usted puede sembrarlas en cualquier patio o pedazo de tierra. Propagar esas especies no enriquece ni empobrece a nadie, así que ¿para qué sembrar unas vainas que no tienen valor comercial (precio)? ¿Para comer? ¡JA! ¿Y quién necesita comer algo que nunca escaseará y por lo tanto nunca será negocio?
  2. Su cosecha no es mecanizable, ya que crecen como enredaderas y la recolección tiene que ser necesariamente a mano.
  3. Son limpias: nadie necesita fumigar con agrotóxicos (pesticidas o abonos químicos) unas matas domésticas sembradas sin criterio industrial. TODO lo que usted consigue en cualquier bodega, abasto, supermercado o mercado (popular o de los otros) viene con veneno.

Existe una Red de Truekeros, un Frente Antitransgénico y unas cuantas docenas de catabres que llevan por ahí semillas nativas para regalar o intercambiar. También hay cientos de campesinos que guardan sus mejores semillas para sembrar en la temporada siguiente. ¿Un eslogan para concluir? No compres vegetales comestibles: siémbralos. O uno más inmediato: todos a propagar nuestras semillas nativas u originarias (antes que nos lo prohíban, y después también). Son sabrosas, alimenticias y son gratis.
Post data: o recuperamos, propagamos y masificamos nuestras semillas originarias o Monsanto u otra potencia nos seguirá imponiendo mierdas tóxicas como alimento.


Maíz criollo amarillo, cosechado en El Cogollo (Tinaquillo, Cojedes), en el conuco de Santos y Aníbal (según indicación de Walterio Lanz). Me las han traído a Barinas y prometo sacarles cría. Les enviaré de vueltas hijas y nietas.


1) Emperatriz escarlata, un grano gigante (La Azulita, Mérida); 2) Todi negro o mucuna (La Chigüira, Socopó, Barinas); 3) Paspasa rayada negra (Sanare, Lara); 4) Tartaguita morada (Cumanacoa, Sucre, y replicada en Aroa, Yaracuy).
Dos variedades de paspasa: la "vaquita" (no será difícil adivinar cuales son y por qué se llaman así) y la morada. Se las robé a Gaudy García allá en Monte Carmelo, Sanare, estado Lara.


1) Tapirama negra (San Diego, Carabobo); 2) tapiramos o frijoles jabaos (Sanare, Lara); 3) un grano blanco y negro, espectacular, del que desconozco el nombre o procedencia. Me la traje de Monte Carmelo (Lara); 3) Otro frijol cuyo nombre desconozco; parece un huevito de pavo pero pequeño (0,5 a 1 cmt).

1) Tuca verde (Gaudy García dice que se la trajeron de África); 2) Tapirama blanca (San Diego, Carabobo); 3) Tapirama chancleta (es obvio por qué le dicen así), de Sanare; 4) el célebre y generoso Maíz Cariaco blanco (Cumanacoa, Sucre), que alimentó a parturientas y niños recién nacidos en cantidad, hasta que el mercado nos enyucó con las fórmulas lácteas, la "leche" en polvo y otras mierdas; 5) Tapirusa (otros lo llaman "cabello de ángel" o frijolito bembón blanco), de San Diego (carabobo); 6) frijol o tapiramo bayo (Charallave, Miranda).

Esa mata de tres tallos en ese vasito es una de las bombas de proteínas más poderosas del planeta. Dentro de unos meses será un arbusto, y en un par de años un señor árbol de unos 12 metros de altura. Se llama chachafruto y en siglos pasados poblaba la cordillera andina, desde Venezuela hasta Argentina. Dicen que cuando los genocidas españoles quisieron reducir a los incas se aplicaron al exterminio sistemático de esta planta, pues esa era la principal fuente de alimentos de esa cultura. Hoy mucha gente de montaña la anda recuperando (la planta, una leguminosa gigante, da frutos sólo cuando se le siembra a zonas ubicadas a mil metros o más de altitud).
Esta planta llegó a Barinas así: Malú se trajo de Mérida varias vainas de chachafruto, se comió como tres docenas y guardó una semilla. Esta muchacha, que no es agricultora pero tiene en las manos una magia extraña, agarró ese vasito donde acababa de tomarse un café, le abrió unos huecos por debajo, lo llenó de una tierra mala que encontró por ahí en la calle y metió la pepa. Al día siguiente había que salir de viaje y el vaso se quedó en una mesa cualquiera, sin sol y sin nadie que la regara.
Dos semanas después la magia había funcionado: el chachafruto tiene más de 15 centímetros y va pa arriba. Ahora sí está llevando sol y agua, pero hay que resembrarla en una zona alta; Barinas es llano, aquí no prosperará. Creo que su destino será Altamira de Cáceres.

Todi: sabor que nos alimentaba

Esto es un agregado o complemento de las recientes reflexiones-acciones sobre la forma en que distorsionaron y despedazaron nuestra cultura, sobre todo desde sus manifestaciones culinarias o gastronómicas, cuando ésta estaba en etapa germinal (un feto apenas que jamás nació ni se desarrolló, porque el petróleo lo volvió mierda).

Semillas de todi o mucuna
Sobrevive entre alguna gente del campo venezolano, mayoritariamente de más de 45-50 años, el recuerdo de una bebida que antiguamente se tomaba en lugar del café, y también en forma de merengada riquísima hecha con leche de vaca recién ordeñada, con sabor a chocolate. La llamaban todi. No, güevones, no me corrijan: se escribe todi porque así lo pronuncian nuestros viejos. Tampoco lo busquen en Google, ya dejemos el arrodillamiento y la sumisión: es mentira que todo el saber humano se encuentra en internet. El dato venezolano que acompaña la historia del asesinato de esta rara leguminosa (una especie de caraota grande, robusta y con "bemba") es una demostración de ello.
Se trata de la especie llamada Mucuna (no confundir con la mucuna pruriens, que ha sido prácticamente proscrita como alimento para humanos debido a su contenido de un tóxico llamado dopamina). Eso sí se consigue en Google: la información, veraz o no tanto, que criminaliza y condena a las semillas originarias, ya que esto "obliga" o empuja a las masas de consumidores a comprar sólo las que son comerciales y le inflan el bolsillo a alguien. La mucuna (todi) es monte y crece como monte; las caraotas negras, rojas y otros granos comerciales, no se consiguen en cualquier solar y para comerlas hay que pagar. Resultado: para el "saber" generalizado, el todi o mucuna es maligno, es mierdero, es monte; la caraota negra, en cambio, es el grano nacional, y quien siendo venezolano no coma pabellón o declare que le importan una pinga las caraotas negras es marico, vendepatria o loco. Como si ese grano de mierda fuera de aquí (el todi tampoco lo es pero nadie lo está promoviendo como plato nacional obligatorio).
***
Miles de personas del campo, de una generación anterior a la nuestra, sabe lo que es todi y muchos lo probaron y disfrutaron. Esa popularidad  sobrevivió hasta que llegó el Toddy con su sabor colosal, producto de la muy eficaz alquimia a que es sometido el cacao. Lo cierto es que el todi original ha caído casi en el olvido. Casi lo mismo que ocurrió con las arepas de verdad, piladas, o peladas, a causa de la hegemonía industrial de la harina precocida de maíz (no olvidar: http://tracciondesangre.blogspot.com/2013/05/alguna-vez-fuimos-de-maiz.html).
***
Hay que darle el beneficio de la duda a una duda: no sabemos con precisión si el término se utilizó antes para la leguminosa que para el producto comercial. Dos datos nos hacen sospechar que la industria se apropió del nombre que el pueblo le daba a la merengada, y no al revés. La marca comercial y el producto Toddy llegaron a Venezuela en 1939. Ya saben quién se enyucó a la marca y al producto en Venezuela, ¿cierto? ¿O no? ¿No lo saben? Está bien. Búsquenlo en Google: "Toddy Venezuela".
Desde la década de los 20 el sujeto que "inventó" la fórmula, un puertorriqueño nombrado Pedro Erasmo Santiago, se dedicó a recorrer toda Suramérica registrando a su nombre la marca "Toddy", que al parecer antes fue una marca de una bebida alcohólica escocesa con toque achocolatado. El otro dato es el paralelismo de esta historia nominal con el caso mexicano, donde la mucuna también se toma hace décadas mezclada con leche de vaca (como aquí) pero su denominación entre la gente suena también conocida: los campesinos de México le dicen a la mucuna nescafé.
Tanto en México como aquí la mucuna es aprovechada sólo en una de sus facetas, que por cierto de desdeñable no tiene nada: se siembra en algunas plantaciones y conucos para enriquecer y nutrir los suelos, ya que, como toda leguminosa, tiene la propiedad de inocular nitrógeno en cantidad a la tierra, dejándola fértil y rica para la siembra que viene. Esta utilidad es noble y resulta un alivio saber que al menos para eso se esté usando; lo malo es que hay enredaderas de estas en muchas partes (las he visto hace poco en varios caseríos y haciendas de Barinas, en el llano y en la montaña), pero quienes las ven crecer perdieron el impulso ancestral de recogerlas, tostarlas, molerlas y mezclarlas con leche y azúcar o papelón para tomar. Cuando uno viene con toda aquella pose y aquella actitud de tipo sabio y les dice a esas hermosas doñas septuagenarias del campo: "Señora, présteme una paila para poner a tostar estas semillas", casi siempre la señora responde: "Ah, ¿vas a hacer todi?", y le cede a uno la bendita olla con un bostezo y una mirada de lástima. Segundos después termina de soltar la información: "Eso lo preparaba mi mamá hace años, ahora la arrancamos porque ahí en la tierra que dejan crece un maíz muy bueno".
***
El todi es apenas una de las muchas leguminosas que, de manera sistematizada, han sido desaparecidas o liquidadas de nuestra memoria colectiva como pueblo. Como muchos de los productos de la tierra que pueden conseguirse gratis (es decir, sin hacer rico ni pobre a nadie) se creó una leyenda oprobiosa a su alrededor para que la gente termine por aborrecerla y considerarla chimba, tierrúa, poco glamorosa o directamente venenosa. Así como puede conseguirse mucuna en cantidad, afinando el ojo y preguntando, pueden conseguirse tapiramas (granos) en una variedad formidable; la parte cruel del cuento es que muchos campesinos ya no comen "de eso" porque es dizque es venenoso. Es verdad que si no se calientan lo suficiente y no se les cambia el agua algunos de estos granos pueden ser tóxicos o quedar muy amargos, pero la solución es tan sencilla como esa que se insinuó arriba: usted las remoja en agua en la noche y les bota el agua en la mañana, o las hierve, les bota el agua y las vuelve a hervir. Ningún secreto; es lo mismo que debe hacerse con los quinchonchos y cualquier otro grano si no queremos inflarnos como un globo.
Yo me precio de ser aprendiz de catabre (esos sujetos que andan por ahí repartiendo semillas a quien quiera sembrarlas o regalarlas a gente que las cuiden, se las coma y me guarde unas cuantas para seguir propagándolas), y en el poquísimo tiempo que tengo en eso han pasado por mis manos unas siete variedades de semillas nativas, orgánicas, sanas, y sobre todo no comerciales porque crecen en enredaderas y es muy difícil mecanizar su cosecha. He visto y difundido entre gente que siembra tapiramas negras, moradas, bayas, manchadas, marrones, blancas (tapirusa o cabelo de ángel) y dos especies de paspasas (negra y marrón), todi en cantidad. Por aquí cargo algunas paspasas y semillas de todi. Si tienes dónde sembrarlas y cuidarlas hasta que den sus frutos, te las regalo.
No creo que eso sea suficiente para  roncarles en la cueva a las semillas comerciales (lentejas, arvejas, caraotas negras, blancas o rojas), esas que son muy populares y vienen hasta el seguegue de venenos, fertilizantes e insecticidas, pero que la gente considera emblemas de la nacionalidad y hacen que uno piense orgulloso, cuando se mete una cucharada de caraotas, "coño, qué venezolano y qué tipo del pueblo soy".
***
En Venezuela hay una pujante red de Guardianes o Custodios de Semillas. El año pasado realizaron un encuentro en Monte Carmelo, estado Lara, y allí se tomaron decisiones importantes: http://www.docuven.org.ve/video/178/Guardianes-de-Semillas

La Tapirama: un hermoso cultivo en Venezuela

La Tapirama


Por: Ingeniero Agrónomo César Timaure
Hola amigos, reciban un saludo cordial, con el equipo del Blog Área Verde Mundial, les deseamos a todos nuestros lectores un Feliz Año 2016, en esta oportunidad les quiero hablar un poco acerca de un grano cultivado en Venezuela, llamado Tapiramo o Tapirama como es su nombre común, especialmente en la región del Estado Falcón. Sin embargo tiene otros nombres en el mundo por ejemplo, habichuelas, pallar en Perú o Lima beans, frijoles, caraotas blancas, porotos, habas, judías, entre otros.
Su nombre científico es Phaselous lunatus L, de acuerdo a los datos aportados por Pérez Et al, 2000. Es una hermosa planta enredadera, de tipo rústico, es decir adaptable a diversas condiciones de suelo, clima, humedad y resistencia a las plagas. Existen experiencias tan interesantes de agricultores o de personas que tal vez no son especialistas en el agro pero les gusta sembrar, cosechar sus propios alimentos como lo relata José Roberto Duque en algunas poblaciones del Estado Barinas.
Existen muchas especies de frijoles en el mundo que debemos conocer, aprender a cultivar, generando nuestras propias raciones alimenticias, para el cuidado del ambiente, la cultura del medio rural, ciudades, también para los rebaños y hasta para la fertilización de los suelos.



El cultivo de la Tapirama es muy fácil, acá les dejamos algunas imágenes, las dos primeras son mis semillas, sembradas en contenedores en el patio de unos amigos con una pequeña granja, luego de tres días ya han germinado y con ánimo de seguir creciendo y pronto dar sus vainitas y semillas comestibles, la otra imagen es de Duque tomada en Barinas.
Para iniciar el año 2016, hemos querido realizar esta breve reseña de un grano muy querido en Venezuela, pronto estaremos escribiendo acerca de otras especies de la flora internacional.

Referencias
Duque José Roberto. 2015. Las Tapiramas: sobre la comunidad que decidió comer potaje gratis. Alba Ciudad 96.3. Fuente: http://albaciudad.org/wp/index.php/2015/11/sobre-la-comunidad-que-decidio-comer-potaje-gratis/
Pérez Delis, Camacaro Nayiri, Morros María Elena, Higuera Moros Atilio. 2000. Leguminosas de grano comestible en Venezuela. José Luis Berroterán Editor, Ediciones ONCTI. Caracas

Beneficios y Propiedades de las Alubias Blancas

Autor: Mapachito
Propiedades nutricionales de las Alubias blancas y sus beneficios para la salud en tratamientos terapéuticos naturales.
La alubia o haba es una de las legumbres más completas desde el punto de vista nutricional. Existen gran cantidad de variedades, siendo las del grupo alubia blanca unas de las más interesantes por sus propiedades curativas.

Propiedades nutricionales y medicinales de la Alubia Blanca

Las propiedades nutricionales de todas las alubias son similares entre sí. La diferencia principal entre las alubias blancas y los demás tipos de alubias es su facilidad de digestión: muchas personas que sufren dispepsias al consumir alubias toleran bien las alubias blancas. El motivo es su piel, principal fuente de fibra de las legumbres, mucho más digestiva en el caso del haba blanca.

Entre las propiedades nutricionales de la alubia blanca cabe destacar su contenido en hierro, superior al de las míticas lentejas. Aportan además gran cantidad de vitaminas del grupo B, lo que junto con el hierro las convierten en un alimento preventivo y paliativo de diferentes tipos de anemias.
Los hidratos de carbono de las alubias blancas, y de las legumbres en general, son de asimilación lenta. Esto es de vital importancia para los diabéticos, quienes pueden consumir el producto sin ningún temor, como para las personas con la curva de la glucosa invertida (presentan bajadas bruscas de glucosa si no cuidan el tipo de hidratos que consumen).

Las alubias poseen tanto fibra soluble como insoluble. La fibra soluble ayuda a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, mientras la fibra soluble regula el tránsito intestinal, en especial la fibra de las legumbres combate el estreñimiento.

Las propiedades nutricionales de la alubia blanca se completan con un excelente aporte de potasio, antiedematoso y moderador de la tensión arterial, fósforo, indispensable para la memoria y el sistema nervioso en general, y magnesio, otro mineral que regular el correcto funcionamiento del sistema nervioso y combate la fatiga.

En contra de la creencia popular, el aporte calórico de la alubia blanca es bajo y apropiado para peder peso. Por el efecto saciante de su aporte en fibra se consume poca cantidad del producto de cada vez y casi no aporta grasa.

La mucuna en los sistemas de agricultura de bajos insumos externos en Mesoamérica

COSECHA es una pequeña ONG hondureña que presenta en este artículo los resultados de un estudio que acaba de completar sobre los sistemas de agricultura de bajos insumos externos que usan la mucuna, una planta leguminosa, como abono verde y cultivo de cobertura. La información recolectada muestra su dinamismo: el sistema espontáneamente se ha difundido por una gran parte de cuatro países de la región. Nos muestra un dramático ejemplo de cómo los agricultores han adoptado y continúan adoptando y adaptando, una tecnología de bajos insumos externos, la cual cambian por otras tecnologías cuando ésta ya no es apropiada para sus necesidades. El gran mérito de este estudio es que se ha realizado su ningún apoyo del gobierno o de las organizaciones no gubernamentales.
La mucuna en los sistemas de agricultura de bajos insumos externos en Mesoamérica
Roland Bunch y Ami Kadar
Durante décadas, el debate acerca de los sistemas de agricultura de bajos insumos externos vs. la agricultura convencional, ha sido muy intenso.  A pesar que el uso de la mucuna como abono verde y cultivo de cobertura (av/cc) es uno de los sistemas más ampliamente usado en América Latina, ha sido poco tomado en cuenta, y también, escasamente estudiado.
COSECHA es una pequeña ONG hondureña que acaba de completar un estudio sobre los sistemas de agricultura de bajos insumos externos que usan la mucuna, una planta leguminosa, como abono verde y cultivo de cobertura.  La información recolectada muestra su dinamismo: el sistema espontáneamente se ha difundido por una gran parte de cuatro países de la región. Esto nos muestra un dramático ejemplo de cómo los agricultores han adoptado y continúan adoptando y adaptando, una tecnología de bajos insumos externos, la cual cambian por otras tecnologías cuando ésta ya no es apropiada para sus necesidades. Todo esto ha sucedido con muy poco o ningún apoyo de programas de extensión del gobierno o de las organizaciones no gubernamentales (ONGs).
Una corta historia de la mucuna
Rozando las plantas de mucuna para dejarlas como abono verde


Foto: Hans Peter Reinders
La mucuna (Mucuna spp), planta leguminosa también conocida como «frijol terciopelo» es, aparentemente, originaria de la zona al sur de los Himalayas, en India oriental (Buckles, 1994) y de ahí se esparció a muchas regiones y continentes, hasta que en 1930 llegó a cubrir casi un millón de hectáreas en los Estados Unidos de América. De ahí, hace aproximadamente 50 años, fue llevada a las plantaciones de la United Fruit Company en México, Guatemala y Honduras, ya sea para alimentar a las mulas de la compañía o para mantener la fertilidad del suelo en las plantaciones de banano, o para ambos fines (Buckles, 1994).
En cada uno de los países, los agricultores con poca tierra obtuvieron la semilla y comenzaron a adaptarla para su propio uso. Hoy en día, los sistemas mucuna-maíz se han esparcido a lo largo de una franja, casi continua, desde el norte del estado de Veracruz y a lo largo de los estados de Oaxaca, Tabasco y Chiapas, hasta  los departamentos de Petén y Verapaz en Guatemala, y aún en algunas zonas aisladas de Belice. Desde ahí, también se ha esparcido a través del noreste de Guatemala, siguiendo hacia el sur a lo largo de la frontera de Honduras con Guatemala, y al este, a lo largo de la costa del Caribe hacia Nicaragua.
En México, Guatemala y Honduras, el sistema que más ha avanzado se ha difundido en las áreas húmedas a lo largo de la costa del Caribe. Pero como este sistema alcanzó gradualmente sus límites ecológicos (áreas con aproximadamente 2.000 mm o más de precipitación pluvial anual), los agricultores campesinos desarrollaron otros cinco sistemas de mucuna-maíz, que permitieron al sistema extenderse a través del Istmo de Tehuantepec hasta llegar al Pacífico, y hacia  el sur a lo largo de la frontera entre Guatemala y Honduras hasta casi llegar a El Salvador. Estas dos últimas áreas son subhúmedas y semiáridas. Una vez más, todos estos diferentes sistemas han sido desarrollados por los agricultores campesinos, sin apoyo conocido de los investigadores agrarios.
A través de todas estas áreas, el sistema ha proporcionado grandes beneficios a los agricultores, incluyendo la reducción de malezas en los cultivos de maíz, el incremento de sus rendimientos (hasta cuatro toneladas por hectárea cuando fueron usados dos sacos de urea) y el abandono de los períodos de barbecho o descanso.  Además, en la mayoría de los casos, la productividad de los suelos se ha ido incrementando de forma constante, a través de un período de hasta 45 años, a pesar que dichos terrenos fueron plantados con maíz cada año sin uso de fertilizantes químicos.
El estudio
Durante el año 2002,  Ami Kadar hizo cuatro viajes al norte de Honduras, Guatemala  y México. En estos viajes entrevistó a agricultores con poca tierra que usaban mucuna, a agricultores que la habían adoptado y que  después la habían abandonado, y también a otros que nunca la habían adoptado. Ella investigó muy a fondo los límites de los diferentes sistemas, obtuvo cifras de cuántos  agricultores la usan, y con qué sistema la estaban usando. También preguntó sobre las razones de la adopción, la no adopción y el abandono de su uso.
Los sistemas maíz-mucuna
A pesar que había grandes variaciones en el manejo de la mucuna, éstas se podrían dividir, aproximadamente, en cinco diferentes sistemas considerando dos estaciones principales: la Primera (de mayo a setiembre) y la Postrera (de octubre a abril). En casi toda Mesoamérica, la estación de las lluvias es desde mayo a noviembre, lo que indica que la última parte de la Postrera es la estación seca, o por lo menos más seca que el resto del año.
Los cinco sistemas identificados  son:
1.
El sistema de la Primera: ambos, maíz y mucuna, se plantan al mismo tiempo al comienzo de esta estación. Generalmente, el maíz es cosechado y la mucuna sigue desarrollándose hasta diciembre, cuando ésta última se resiembra sola y muere. Variaciones de este sistema se están usando en los tres países, notablemente en la mayor parte de las áreas con mucuna en México, a lo largo del lago Izabal en Guatemala  y en los Departamentos de Copán y Santa Bárbara en Honduras.
2.
El sistema de Doble Maíz: en este caso,  los dos, maíz y mucuna son plantados por inyección en toda la cobertura muerta de maíz y mucuna, dos veces por año; entre abril y mayo, y entre diciembre y enero. Al final de cada estación, el maíz es cosechado y la mucuna es cortada.  Este sistema también se encuentra en algunas partes de los Estados de Veracruz  y Chiapas  en México, en el Petén en Guatemala, y en las regiones montañosas del norte de Honduras.
3.
El  sistema de Postrera: es el dominante  y más antiguo  en cada uno de los países. Este sistema implica sembrar ambos, maíz y mucuna, durante la postrera. Las fechas específicas de siembra pueden variar desde octubre a febrero. Las fechas más tempranas son  generalmente usadas en áreas más secas con el objetivo de aprovechar las lluvias de la Segunda Estación, mientras que las fechas tardías se usan a menudo en áreas de mucha precipitación para que el maíz crezca durante el período de lluvias moderadas. Este sistema lo encontramos practicamente en todas las áreas tropicales húmedas de los tres países.
4.
El  Sistema Tradicional de Abono Verde: en este sistema la mucuna crece como cultivo único durante la Primera para luego ser cortada.  El maíz es entonces sembrado directamente por inyección a través de la cobertura muerta producida durante la Postrera. En cada uno de los países se usa este sistema en áreas pequeñas incluyendo las áreas de Santa Marta y Ocosingo en México, las de El Polochic, Petén y Cerro San Gil en Guatemala, y las de Copán, Omoa y Olancho en Honduras. 
5.
El Sistema Barbecho Mejorado: en este sistema la mucuna es plantada en una rotación de dos o tres años, después de la cosecha del maíz para acortar o mejorar el periodo normal de barbecho.  Este sistema se usa sólo en el norte del Estado de  Oaxaca, en  la Sierra de Santa Marta en México, y en el área del  Cerro San Gil en Guatemala.
También puede considerarse un sexto sistema (el Sistema Omoa), aunque sólo se encuentra alrededor del pueblo de Omoa en el norte de Honduras. Este sistema consiste en sembrar juntos la mucuna y el maíz -entre  mayo y junio-  que luego son cortados para sembrar maíz, para una segunda cosecha, en el rastrojo resultante.
Adopción y abandono
Laderas protegidas con sembríos de
leguminosas, Veracruz, México


Foto: Antonio Crisóstomo Luna
En un área en la costa norte de Honduras, se hizo un estudio más profundo sobre la adopción y el abandono del sistema maíz-mucuna y se llegó a la conclusión que el uso de este sistema  está desapareciendo (O´Neill, 1999). Algunos científicos convencionales han usado este estudio para impugnar el valor de las tecnologías de bajos insumos externos en general. Pero el  presente estudio muestra que sus conclusiones sobre el sistema maíz-mucuna están equivocadas.
Justamente, los sistemas maíz-mucuna de Mesoamérica están siendo adoptados en algunas áreas, tan rápido o más rápido que su abandono en otras. Mientras están siendo ampliamente abandonados en el oeste y a lo largo de la costa norte de Honduras y en el estado de Oaxaca en México, están avanzando fuertemente en casi toda la gran región de Petén en Guatemala y en el nordeste del estado de Chiapas en México.
La pregunta importante es: ¿cuáles son las causas de la adopción y del abandono?  Parece ser que la adopción ocurre porque el sistema todavía no ha alcanzado sus límites ecológicos, junto con el hecho que la invención de sistemas adicionales ha expandido dramáticamente esos límites ecológicos. Por ello es previsible que exista todavía mucho espacio para la futura expansión que estos nuevos sistemas permiten en las áreas subhúmedas y semiáridas.
Por otro lado, el abandono tiende a ocurrir por una serie de razones. Una de las más comunes se debe al hecho de que, en grandes áreas de Honduras y México, el abandono es inevitable porque el cultivo del maíz se está abandonando. En Honduras, este fenómeno ocurre extensamente debido a  la usurpación de las tierras de los agricultores de subsistencia para su uso en ganadería y plantaciones de palma de aceite. En México, la caída del mercado del maíz causada por la globalización (reflejada en el Tratado de Libre Comercio), ha disminuido drásticamente las áreas dedicadas a este cultivo. En otras áreas, notablemente en el norte de Honduras, la reducción de los sistemas maíz-mucuna ha ocurrido por los cambios en las leyes de la tenencia de tierras y por el crecimiento en oportunidades de empleo no agrícola para la población.
La conclusión que se puede sacar de todos estos cambios es que el uso de los sistemas maíz-mucuna crece y decrece según su propia capacidad o incapacidad para adaptarse a las condiciones cambiantes de orden ecológico o económico. Esta dinámica es común en todas las tecnologías, ya sean agrícolas o de otra  índole, y de ningún modo indica algún tipo de inferioridad de la clase de tecnología, sino más bien parece un efecto de los cambios rápidos inherentes al mundo moderno y al hecho que las tecnologías van y vienen, dependiendo de su utilidad particular en un tiempo y lugar específicos.
Conclusiones
Los patrones de adopción o abandono de los sistemas maíz-mucuna tienden a indicar que el entorno ideal para estos sistemas son aquellas áreas donde la tenencia de tierras es alrededor de 1,5 hectárea o más, donde el maíz todavía crece abundantemente como cultivo de subsistencia, y donde las posibilidades de empleo fuera de la agricultura no son muy atractivas. En cuanto al clima, los sistemas maíz-mucuna se mantienen mejor en las zonas húmedas y subhúmedas, aunque algunos de estos sistemas pueden adaptarse en zonas semiáridas e incluso en las de regadío. Por eso los sistemas maíz-mucuna  tienden a favorecer más a aquellos agricultores relativamente aislados y pobres.
No obstante el haber sido relativamente innovadores respecto a los sistemas que han desarrollado, los agricultores han sido también relativamente tradicionalistas en términos de especies para su uso como abono verde y cultivo de cobertura. Hay numerosas áreas en Mesoamérica, donde los agricultores usan otras plantas para este fin; desde la canavalia (Canavalia ensiformis) al pallar o frijol Lima (Phaseolus lunatus), el caupi (Vigna unguiculata) y el frijol arroz (V. umbellata). Pero aún no hemos encontrado la situación en la que los cultivadores de mucuna hayan tratado de adaptar una de estas especies u otros abonos verdes y cultivos de cobertura, dentro del nicho ocupado por  la mucuna. Esto bien podría deberse a que ellos aprecian tanto el papel que cumple la mucuna en el control de la maleza en sus campos (ninguna otra especie de abonos verdes y cultivos de cobertura en Mesoamérica  puede competir con la mucuna en su capacidad para controlar las malezas), como a que no quieren probar otras especies, ni siquiera aquellas que producen alimento para humanos.
Con certeza, este estudio muestra que los sistemas de abonos verdes y cultivos de cobertura podrían tener un gran potencial en todo el mundo, y también por ser un caso de tecnología de bajos insumos externos ya que éstas también tienen enorme potencial. ¿Cuántas otras tecnologías agrícolas se han difundido a miles de agricultores  en muchas naciones en los últimos 50 años, sin absolutamente ningún apoyo de los programas de extensión organizados? Un fenómeno así deja muy pocas dudas de que estos sistemas pueden ser muy atractivos para los agricultores de escasos recursos.
El sistema maíz-mucuna  también proporciona evidencias de que estos sistemas son la única vía para que muchos campesinos con poca tierra puedan sobrevivir la globalización del comercio. Al controlar la maleza (por consiguiente, reduciendo la necesidad de trabajo y/o la necesidad de herbicidas), aumentar la fertilidad del suelo (por lo tanto, reduciendo drásticamente la necesidad de fertilizantes químicos) y  por ser un  sistema  de labranza cero (eliminando el costo de las operaciones de laboreo), estos sistemas pueden competir bastante bien con muchos sistemas modernos mecanizados. Después de todo, mientras la mecanización reduce de gran manera los costos de labranza del suelo y el control de la maleza, es aun más barato eliminar totalmente estas mismas operaciones.
Un cuidadoso análisis económico, hecho por Milton Flores y Nicolás Estrada, mostró que a pesar de ser alrededor de un 30% menos productivo que el sistema mecanizado de la Revolución Verde en uso por los grandes terratenientes, el sistema mucuna/maíz, debido a sus bajos costos, es  capaz de producir un maíz que es 25% más barato por tonelada (Flores y Estrada, 1992).
A lo mejor sí existe un futuro para los agricultores con poca tierra  después de la globalización.
Roland Bunch y Ami Kadar
COSECHA (Asociación de Consultores para una Agricultura Sostenible, Ecológica y Centrada en las Personas). Apartado 3586. Tegucigalpa, Honduras.
Correo electrónico: rolandbunch@yahoo.com; rolandobunch@hotmail.com
Referencias

- Buckles, D., 1994. Velvetbean: A «New» Plant with a History, Mexico, CIMMYT.

- Flores, M. y N. Estrada, 1992. La utilización del frijol abono (Mucuna spp) como alternativa viable para el sostenimiento productivo de los sistemas agrícolas del litoral atlántico. Trabajo presentado al Centro de Estudios para el Desarrollo, Universidad Libre de Amsterdam.

- O’Neill, S.P., 1999. Adoption and Abandonment of Sustainable Agriculture, The Mucuna-Maize System of Northern Honduras. Tesis presentada a la Universidad de Cornell para la obtención del grado de Master of Science.

La chivata, una especie leguminosa subutilizada

La especie conocida en Venezuela como chivata (Dolichos lablab L.) es usada como grano alimenticio, forraje, abono verde y hasta como medicina. Su mayor potencial está en su uso como alimento por las familias campesinas, quienes con pocas plantas pueden disponer de un grano de alto valor proteico durante todo el año. El uso de estos recursos de la biodiversidad local para beneficio de la población, depende en gran parte del conocimiento que sobre ella se tenga y sobre todo del beneficio potencial que significa su cultivo y consumo. El Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas de Venezuela, tiene como objetivo contribuir con la seguridad agroalimentaria nacional, diversificando alternativas de consumo. Para ello se basa en los recursos fitogenéticos.
La chivata, una especie leguminosa subutilizada
María Elena Morros, Delis Pérez y Pío Rodríguez
La leguminosa conocida como chivata (Dolichos lablab L.) es un arbusto voluble, trepador o postrado. De 5 m o menos de largo, puede ser anual, bianual o perenne. Presenta hojuelas aovadas y flores blancas, púrpura o violeta, arregladas en racimos que cuelgan unos 8 a 16 cm, con presencia de bractéolas caedizas. Su legumbre es de 4 a 8 cm de largo y de aproximadamente 2 cm de ancho, oblonga y comprimida, con varias semillas de color blanco, rojizo, púrpura, o pintadas e incluso negras. Es una planta probablemente oriunda del África tropical, cultivada en las zonas tropicales y subtropicales para su uso forrajero, ornamental, medicinal y también como grano alimenticio. Se supone que fue domesticada en India, basándose esta afirmación en la existencia actual en el sub-continente indio de formas silvestres y una gran riqueza de variedades de esta leguminosa y, también, porque allí se conocen nombres muy antiguos para designarla. Se cultiva en toda la subregión andina (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) y también en Panamá. Existe una enorme variabilidad en la especie, especialmente en la forma, tamaño, textura y color de las vainas y las semillas; con diferencias en la abundancia, fragancia, tamaño de la corola y color de las flores; en el tamaño, color y forma de la hoja, así como también con diferencias fisiológicas relacionadas con la tolerancia, vigor, sensibilidad a la cantidad de horas de sol al día, tiempo de floración y maduración, viabilidad de la semilla y resistencia a las plagas.
Venezuela

Bolivia
Colombia

Perú
Chivata, caraota chivata, frijol, gallinazo, guaracaro, paspás, quiguagua, tapirucuso, tapiricuso, garbanzo, judía, tapiruza, caperuza, piparero
Frejol de arribo, iguira cumanda, senga phusphu
Frijol calentano, frijol jacinto, frijol peruano, frijol tropical, mulato, guisante
Cencapuspu, zarandaja, plantigras
Cuadro 1. Nombres vulgares con los que se conoce a Dolichos lablab L. en Latinoamérica
Precipitación

Temperatura
Altitud
Suelos
Sistemas
Zonas áridas y regiones húmedas; rango de 200 a 2.500 mm de precipitación anual
22° a 35° C
200 - 2.100 metros sobre el nivel del mar
Pobres, pH 4.4 - 7.8.; soporta niveles de toxicidad de aluminio
Mecanizados; cultivo en gran escala y con labranza intensiva; pequeñas huertas campesinas
Cuadro 2. Adaptabilidad de la especie Dolichos lablab L. a diversas condiciones edafoclimáticas y de manejo
Detalle del grano verde. Se consume mayormente fresco


Foto: Autores
En Venezuela, su cultivo se restringe a unas pocas plantas en las parcelas de cultivo de las familias campesinas, principalmente de los estados Lara y Falcón, donde se le conoce como chivata, y del estado Táchira, donde se le conoce como gallinazo. Es una especie muy apreciada por el campesino por su sabor, facilidad de cocción y rusticidad, ya que es resistente a condiciones de escasez de agua y baja fertilidad de los suelos. El potencial de esta especie para la familia campesina está en el hecho de ser semiperenne (2-3 años), de hábito indeterminado, rápido crecimiento y por tener una fructificación que se mantiene durante casi todo el año. Considerada como «la vaca lechera para el campesino», permite recoger grano todo el año.
Otra ventaja clara de esta especie es que tiene un rango amplio de adaptación, no sólo a diversos pisos altitudinales, sino a diversas condiciones agroecológicas (Cuadro 2). Es así que en el mundo se conocen unos 50 cultivares de esta especie. Pero esta leguminosa de grano ha recibido poca importancia en los trópicos, a pesar de su carácter perenne, posibilidad de producción continua durante el año, y su buen contenido de proteína (25%) y sabor agradable, características que hacen a esta especie un cultivo prometedor para explotaciones agrícolas pequeñas.
Utilidad
Son muchos los usos que se le atribuyen a la especie Dolichos lablab L., destacando su uso como grano alimenticio, forraje, abono verde, como especie mejoradora de suelo y hasta como especie medicinal (Cuadro 3). En Venezuela, destaca su potencial como alimento para la familia campesina, quien con pocas plantas puede disponer de granos ricos en proteína durante todo el año. Estos granos crudos tienen un sabor amargo, lo que denota un cierto contenido tóxico para el ser humano. Por ello, los campesinos que en tiempos de escasez acostumbran consumir las semillas verdes o secas, antes de hacerlo las remojan en agua durante toda la noche, y luego las lavan y cuecen.
Esfuerzos para su conservación
En Venezuela, el cultivo de la chivata o gallinazo para grano es realizado por los campesinos, quienes lo siembran en pequeñas áreas bajo un sistema tradicional de producción llamado «conuco» y en huertas familiares. El destino de la producción es principalmente el autoconsumo y cuando hay pequeños excedentes éstos son vendidos en los mercados locales. El consumo de la chivata como grano verde y seco ha sido tradicional en algunos estados como Lara, Yaracuy, Falcón y Táchira, encontrándose pequeñas cantidades en los mercados populares. En el año 2003, el precio de venta al público del kilogramo de grano de chivata en los mercados de Caracas (distrito capital) era igual o un poco superior al precio de la caraota (Phaseolus vulgaris), estando éste muy cercano al precio del dólar. Pero en todo el país, el consumo de esta especie ha venido decayendo, así como su cultivo.
Durante el año 2001, el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas, INIA, inició un proyecto para el rescate y conservación del germoplasma local de leguminosas comestibles, haciendo énfasis en especies subutilizadas como la chivata. Una de las principales razones que motivaron este trabajo fue frenar el deterioro de la diversidad biológica, que como consecuencia del impacto de las actividades antrópicas se encuentra amenazada por el aumento de la tasa de extinción de especies de gran potencial y aún subutilizadas. El propósito fue incrementar la variabilidad genética disponible en el banco de germoplasma de leguminosas comestibles, su caracterización y evaluación, así como la promoción del uso de estos acervos genéticos.
Abono verde


Alimentación humana







Como forraje




Control de malezas
Mejoradora del suelo




Medicinal

Ornamental
Se incorporan las plantas después de cosechar las semillas maduras. En Brasil se ha logrado doblar el rendimiento del maíz y los frijoles, en campos donde se ha logrado incorporar de 30 a 40 t de materia verde por hectárea
La producción de semilla es buena, se puede recoger de 1 a 2 kg/planta, cada 2 meses; la cosecha es manual. Las vainas verdes son un excelente vegetal de mesa y las semillas secas cocidas son saludables y de buen sabor. Las hojas y flores se cocinan y se comen de forma similar a la espinaca; los retoños son comparables a la soya y a partir de las semillas se pueden elaborar concentrados de proteínas. Asombra por la rapidez y facilidad con que crece y fructifica. Las primeras vainas se recogen al mes o dos meses después de haberse sembrado y casi sin práctica agronómica alguna
Puede producir hasta 25 t por hectárea de material verde a los 4 ó 6 meses después de la siembra. Para uso forrajero (potrero) se deja a la planta cubrir el suelo y cuando comienza a crecer se permite el pastoreo; los bejucos y hojas son buen alimento para los vacunos, ovejas, cabras, y cerdos; se compara a la alfalfa, aunque es más digestible y permite un buen ensilaje
En los potreros domina rápidamente a las malezas por su rápido crecimiento
Las semillas molidas pueden utilizarse en mezcla para preparar un abono usado en pequeña escala, siendo también efectiva para la protección del suelo y el control de la erosión. Se puede intercalar para fijar nitrógeno, por ejemplo como cobertura en café, coco, frutos de huertos, y es a menudo cultivada de manera secundaria en los arrozales después de la cosecha del ‘paddy’
Las semillas tiernas son buenas para los bronquios, y también como diuréticas y reguladores; el jugo de las hojas es emético
Se le siembra en jardines como ornamental por su follaje exuberante y bellos racimos de flores que adornan casi permanentemente
Cuadro 3. Registro de diversos usos de Dolichos lablab L., destacándose aspectos de interés
N° de Colecta. Datos de la colecta
Nombre del agricultor
Observaciones
N° 1. DON-O4-00-001.
Procede del estado Táchira, la zona donde se colectó está a una altitud de 800 m

N° 1. DON-O4-00-001





N° 3. MEM 01-00042
El Milagro. Zona cafetalera del estado Lara. La siembra a una cuarta de separación, y se tiende por el suelo. Si la siembran en troncones tarda mucho para echar. Se come verde y seca. Se hierve y se le quita la concha, es tradición entregar semilla a los vecinos con el compromiso que al cosechar se devuelva el doble de lo recibido (a esta forma de intercambio se le conoce como «dobla»)
N° 4 MEM 03-01-022
Se colectó en Potrerito, Sanare, estado Lara, sembrada en áreas de pendiente, suelos pedregosos, zona de montaña

N° 4 MEM 03-01-022
Néstor Tovar. Sector La Panchera Abajo, Municipio Crespo


Mercedes Mendoza. La Panchera, Municipio Crespo



Esteban Oviedo. La Guachafita, Municipio Crespo














Carlos Colina. La Guachafita, Municipio Crespo





Eulogio Moreno. La Guachafita, Municipio Crespo, estado Lara
Ha realizado seis cosechas, recoge granos cada dos semanas; la comen verde. A finales de año cosechó cinco kilogramos, luego la planta se puso fea (más o menos entre febrero y abril). La flor y el grano seco son de color crema. Le gusta mucho. Ha resembrado seis plantas más. Se observan daños por áfidos
La cosecha de dos matas le ha rendido dos kg; tiene tres plantas en la huerta y ahora tiene dos nuevas. Ha estado repartiendo a otros campesinos. Comenzó a cosechar a los cuatro meses. En verano tenía chivata para comer. Le gusta comerla verde. Cosecha, y a los ocho días vuelve a tener entre medio y un kilo
Es la segunda cosecha que realiza. En la primera cosecha recogió casi un kilo. La comen verde, tiene cinco plantas y ha resembrado varias matas














Al principio se perdieron casi todas las plantas, ahora están retoñando las 20 plantas que le fueron entregadas. Ha resembrado; la comen verde. De una planta ha logrado hasta cuatro kilos en tres cosechas, en más o menos cinco meses; cada 15 días recoge un cuarto de kilo. En cada cosecha comen cinco personas y les parece muy sabrosa. Produjo bastante grano en verano
Ha cosechado cuatro kilos de dos plantas en cinco meses. Le quedan tres plantas
Cuadro 4. Seguimiento de materiales promisorios de Dolichos lablab en unidades campesinas, del estado Lara, Venezuela (año 2003)
Planta de chivata, una especie muy apreciada por la familia campesina


Foto: Autores
Hasta el presente, se han realizado 43 expediciones de colecta en seis ecorregiones que cubren parte de 15 estados del país, y que van desde el nivel del mar hasta por encima de los 3.000 de altitud, lográndose incrementar la variabilidad genética de D. lablab mediante la colecta de 27 muestras. Este esfuerzo ha representado la única colección ex-situ en Venezuela de esta especie.
El mayor número de muestras (nueve, equivalente a un 32 por ciento) fueron colectadas en el estado Lara, que van desde los 600 hasta los 1.100 de altitud, siendo identificadas como: chivata, chivata negra, blanca, roja oscura, o verde clara. Un 19 por ciento de las muestras fue colectado en Mérida, 15 por ciento en Yaracuy, y 11 por ciento en Sucre. Para este año se tiene prevista una colecta en el estado Táchira, con la cual se espera incrementar el número de muestras dada la importancia de esta especie en la zona. También se han podido rescatar los nombres locales de esta especie, que además de ser conocida como chivata o gallinazo, es también llamada tapirucuso, tapiruza o caperuza en Yaracuy; chícharo en Trujillo, capiruza en Guárico y Carabobo; gallinazo y piparero en Mérida, y judía y garbanzo en Sucre. El color de la semilla de los materiales colectados puede ser crema, crema verdoso, rojo, y negro.
En todos estos lugares, los agricultores utilizan métodos artesanales para la conservación de la semilla de chivata (en el caso del estado Sucre, mezclan las semillas con cenizas y la guardan en frascos de vidrio), métodos que han sido aprovechados también para el rescate y conservación del germoplasma.
Las actividades del INIA continuaron con la transferencia de parte de este germoplasma nativo a las zonas de producción. Es en este sentido que el INIA-Lara ha venido distribuyendo plantas de chivata a las unidades familiares ubicadas en el municipio Crespo, donde el promedio es de ocho hijos por familia. En esta zona la economía depende del cultivo del café y, en los últimos años, como consecuencia de la caída de los precios de este producto, la economía de las familias se ha visto muy deteriorada, trayendo como consecuencia la carencia de alimentos. La estrategia consistió en evaluar la adaptabilidad de los diversos materiales a la zona, para lo cual se llevó un seguimiento trimestral del número de productores que mantenían las plantas de chivata; número de plantas por productor; incidencia de plagas; número de cosechas realizadas y peso de los granos cosechados por planta; tolerancia de las plantas a la sequía; opinión de los productores sobre la calidad culinaria de los materiales e interés en seguir sembrándola. Todo esto con el propósito de evaluar el potencial de la especie como estrategia alimentaria para las familias campesinas. La selección de los productores obedeció al interés manifiesto de algunos en la chivata, ya que en la zona años atrás, era tradición su cultivo y poco a poco se fue abandonando hasta el extremo de no contar con semilla de la especie. Actualmente persiste el interés de éste y de otro grupo de agricultores en cultivar la chivata. Las actividades, iniciadas durante el año pasado, se resumen en el Cuadro 4.
Dentro de la directriz estratégica del INIA está planteado contribuir con la seguridad agroalimentaria nacional con una opción preferencial para las poblaciones de escasos recursos y, previendo para ello la diversificación de las alternativas de consumo con énfasis en las especies no tradicionales con alto potencial nutricional y de rendimiento. Los recursos fitogenéticos representan la materia prima básica para el logro de este propósito.
Los recursos fitogenéticos son considerados indispensables para alcanzar un desarrollo agrícola sostenible, pues en ellos se encuentran los genes de resistencia a factores bióticos y abióticos; así como complejos génicos para la adaptación. Esto conduce a que los países consideren de importancia estratégica la investigación en recursos fitogenéticos. En gran medida, el uso de estos recursos para el beneficio de la población depende del conocimiento disponible sobre ellos; por lo que se considera de primordial importancia la caracterización y evaluación del germoplasma colectado y conservado. Actualmente se está realizando la multiplicación de los materiales colectados con la finalidad de comenzar su caracterización morfológica, molecular y de calidad nutricional; así como evaluar su comportamiento ante el ataque de plagas y enfermedades y los aspectos agronómicos. La investigación en esta área será fortalecida en el INIA, de manera de garantizar la conservación de estos importantes acervos genéticos para el país y promover su uso sostenible.
Agradecimiento
Al Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (FONACIT) por el financiamiento, a través de la Agenda Biodiversidad, mediante la subvención ABD N° 98-003419. Igualmente, a las comunidades de agricultores donde se colectó y transfirió el germoplasma.
María Elena Morros, Delis Pérez y Pío Rodríguez
Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas. Apartado 592, Barquisimeto, estado Lara, Venezuela.
Correo electrónico: memorros@inia.gov.ve; dperez@inia.gov.ve; parapio2000@yahoo.com
Referencias

- Yesid Bernal, H. y J.E. Correa Q., 1992. Fabaceae (Leguminosae). Lablab purpureus. 1992. En: Especies vegetales promisorias de los países del Convenio Andrés Bello. Tomo VIII. Secretaria Ejecutiva del Convenio Andrés Bello. Santa Fe de Bogotá.

- National Academy Of Sciences 1979. Lablab bean. En: Tropical legumes: Resources for the future. Washington, D.C.

- Pittier, H. 1944. Dolichos lablab. En: Leguminosas de Venezuela. Editorial Elite. Ministerio de Agricultura y Cría. (Boletín Técnico N° 5). Caracas.

- Pittier, H. 1971. Manual de las plantas usuales de Venezuela y su suplemento. Fundación Eugenio Mendoza, Caracas.

- Schnee, L. 1973. Dolichos lablab. En: Plantas comunes de Venezuela. 2da. ed. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Agronomía. Revista de la Facultad de Agronomía, UCV., Maracay, Venezuela.

lunes, 14 de marzo de 2016

Misión Árbol se sumó a la jornada de siembra por la Patria

IMG_20160305_112439 
Foto: Misión Árbol.


    La Fundación Misión Árbol se sumó al llamado del Presidente Nicolás Maduro y se activó en la jornada denominada “Siembra por la Patria” realizada en los estados Miranda, Carabobo, Aragua, Lara y Caracas enmarcadas en la Agenda Económica Bolivariana y el motor agroalimentario que busca impulsar el aparato productivo nacional.

     La Presidenta de la Misión Árbol, Osly Hernández detalló que 9.400 plantas serán destinadas al fortalecimiento del Plan Nacional de 100 Días para la Siembra Urbana, cultivadas en diferentes viveros y espacios productivos de la Misión Árbol en todo el territorio nacional. Asimismo, estimó que la producción para este año sea de 1, 5 millones de plantas entre frutales y forestales.

    “Reverdecemos el espíritu nacional, ponemos nuestras manos y voluntad en pro de la siembra, buscamos crear fuerzas de trabajo renovadoras porque nuestra Pachamama exige atención. Por esta razón, estamos decididos a devolverle a la Pacha, un alimento, una semilla. Seguiremos el legado de Chávez, de Robert Serra, de nuestros mártires, continuaremos con nuestra labor de Agroforesterìa, trabajando articuladamente con el pueblo”, expresó Hernández.

T/PrensaMisiónArbol

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Red en Defensa del Maíz


La vida en los pueblos
del maíz
Presentamos un diálogo colectivo entre varias
comunidades
y organizaciones que se reconocen en la Red en
Defensa del Maíz, ocurrido durante el taller
celebrado en el Centro Nacional de Apoyo a Misiones
Indígenas (Cenami) entre el 4 y el 8 de abril de 2005. El
trabajo fue reflexionar, acompañadas con la visión de
algunas organizaciones amigas, que son también parte
de la Red, sobre los aspectos que resaltan la
integralidad de las relaciones implicadas en la vida
empeñada en el cultivo del maíz en la comunidad-milpa.
No pusimos nombres porque todas y todos se
reconocen en este diálogo.
– El maíz es sagrado, es el sustento de la vida, de allí tenemos
dinero pero también una relación vital en el sentido más
estricto, pues nuestra relación con la tierra es cultivando maíz.
El maíz es importante para la política y la economía de las
comunidades. El maíz marca los ciclos de la vida, se hacen
rituales y fiestas tanto antes como después de las cosechas. El
maíz tiene una versatilidad enorme, se utiliza para muchas cosas
aparte de la tortilla.
– Una mazorca bien puede representar a una comunidad: cada
grano es alguien diferente (persona o entidad), pero sólo todos
juntos somos la mazorca.
– Meter el maíz al ciclo del dinero, ponerlo en el mercado, es
someterlo a una reducción, aunque sea que tenga mucho éxito y
se venda una variedad criolla. Éste es el caso del maíz ―pozolero‖
o ―esquitero‖ [para pozole o esquites], que son variedades (como el
cacahuacintle) que aunque sean nativas desplazan toda la otra
diversidad de maíces que tienen las comunidades, por los afanes
comerciales de algunos. Y es que meter el maíz al mercado es
someterlo a las leyes de oferta y demanda —que poco tienen que
ver con el enriquecimiento de la cultura— y que más bien son
leyes de homogeneización. Y la demanda tantas veces está
motivada por ideologías, propagandas, mercadotecnias. Al dejar
de ver al maíz como un tejido de relaciones, al verlo como una
mercancía, es muy fácil rendirse al uso de agrotóxicos, pues
estamos produciendo una cosa para tener dinero, estamos ya
compitiendo por alcanzar unas monedas.
– Cuando los hombres migran, las mujeres, que son las que
quedan, han ido convirtiéndose en las únicas responsables de lo
que ocurra con la tierra y en la tierra. Muchas, al no contar
con otro modo de subsistencia mientras llegan los dólares, han
ido reviviendo el cultivo del maíz en su concepto más viejo,
como mantenimiento, aunque no haya una economía que gire
en torno al maíz (como antes). Así que en muchos pueblos los
grandes están tratando de involucrar a los nuevos en las
tareas del campo con una visión de que sembrar no solamente es
obtener dinero, pues así no llegarán a ninguna parte, sino
recuperar esa visión de sembrar para vivir de la tierra, de la
relación independiente de los pueblos con la tierra. Así que la
gente está recordando las épocas, que sí existieron, cuando se
necesitaban muy poquititas monedas para vivir, pues todo salía
de la tierra. La migración se suma a todo, pues al irse la gente, el
campo queda abandonado, entonces se consumen más
plaguicidas, herbicidas, fertilizantes que tratan de sustituir la
mano de obra, y como la producción decae se acude a las
comidas chatarra y se pierde la riqueza gastronómica, y con
ella las palabras que nombran al maíz. Así, los niños crecen sin
centro, como el maíz que va siendo desplazado.
– La recuperación de la autonomía de los pueblos, la
recuperación del ciclo del maíz para uso y consumo de la
comunidad, pasa por dejar de depender de los agroinsumos, por
un lado, y por otro, sanar la tierra misma. Por eso se habla
tanto de una idea muy ―autónoma‖ de lo orgánico, lo
orgánico visto como la forma de relacionarse con la tierra y
con sus productos para no depender de las corporaciones, sean
vendedoras de semillas o de fertilizantes, herbicidas, plaguicidas,
etcétera. No se trata de una idea de lo orgánico como la
comida hermosa que consuman las clases medias concientes y
así ayuden a los exóticos. Como una ramita paralela, se reaviva
el trueque bajo la misma idea de ―no depender de las empresas‖
para obtener lo necesario.
– Vemos que hay que extremar los cuidados de las semillas nativas,
protegerlas contra, por ejemplo y entre otras cosas, la
contaminación transgénica. Pero tenemos que reconocer que nos
falta información. La gente en los pueblos del maíz vemos que
ponerse al día sobre las nuevas biotecnologías, es una
responsabilidad.
Otra alarma recurrente es el papel que está jugando la escuela,
la educación oficial, el sistema escolarizado, en la extinción de
los campesinos. Las comunidades reclaman que en las escuelas a
los niños y jóvenes se les inculca que estudiar es para trabajar,
así en abstracto, y por lo cual se recibirá un salario. Esto
arruina de tajo la concepción de una relación independiente
con la tierra, ese autoconsumo que ha hecho posible la
permanencia de los pueblos indígenas y campesinos.
– Un tema crucial es que si el maíz no tiene precio, entonces
¿cómo sobrevivir en este mundo? El autoconsumo tiene una
fuerza perdida. Cuando se lo menciona no nos referimos a un
nivel de consumo precario, sino a una idea del consumo
soberano, de producir nuestros alimentos de forma soberana.
¿Por qué seguir sembrando maíz, entonces? Porque es una
herencia invaluable de nuestros antepasados, porque sembrando
cuidamos los suelos, el bosque, el agua, la comunidad. Pero
también porque si no lo hacemos nos lo van a arrebatar las
empresas. Para que exista el maíz hay que seguir sembrándolo.
Pero hay que aguzar la percepción sobre nuestro maíz, física,
energética; de lo que ocurre en sus entornos, para identificar
los transgénicos. Pensar en lo que hoy parece imposible: detectar
con la pura sabiduría campesina los maíces dañinos. Tenemos que
saber qué semilla estamos sembrando, ir depurando en cada ciclo
nuestra semilla. Así iremos desechando el maíz contaminado.
Tenemos que recuperar la confianza en la semilla que sembramos.
– Un tema urgente y recurrente es el uso excesivo de
agroquímicos, no solamente en el cultivo del maíz, sino en
cualquier cultivo con el que tengamos relación: en el tabaco,
la caña, le café. La diversidad dentro de la milpa se ha ido
muriendo por el uso de herbicidas y plaguicidas.
La historia de la Revolución Verde es para los pueblos del maíz
en México la historia de cómo se hizo adicta la tierra y los
cultivos a una droga de la cual cada vez necesita más y más para
servir menos y menos. No sólo tenemos que enfrentarnos ahora a
la contaminación transgénica, sino al hecho de que heredamos
(por los químicos) supermalezas y una resistencia de las plagas.
Está roto el equilibrio dentro de lo que fueran las milpas. La
tierra está intoxicada, pero también el agua, y los peces se han
perdido y se han envenenado. Al aplicar herbicida se mueren las
plantas medicinales y entonces se pierde una alternativa médica
para la salud de la comunidad. Entonces hay que tener dinero
para comprar los remedios que antes crecían entre la milpa. Y el
dinero es agua, aunque lo cuides se va, la tierra no.
– El maíz no solamente está contaminado, está desplazado por
cultivos comerciales no básicos, como café, caña y tabaco, palma
de aceite, pero también por la ganadería. Junto con el
desplazamiento del maíz va el desplazamiento del productor, que
luego se tiene que ir a otras tierras de labor, a ganar unos pesos,
cultivando precisamente los cultivos que desplazaron su maíz, su
soberanía.
Hay una resistencia de las comunidades, sin embargo. Hay
comunidades que tienen semillas, hay otras que están
comenzando a usar alternativas a los agrotóxicos, como
abonos orgánicos y control natural de plagas.
– Al perder los alimentos preparados con maíz, también se pierde
la salud, porque se pierde la alimentación variada que proveía la
milpa, pero también se sustituye con las comidas chatarra que
llegan a los centros de abasto de las comunidades. Coca-cola
en vez de pozol, Sabritas en vez de tamales; además de
desnutrición hay pérdida de la identidad entre los jóvenes
consumidores. La pérdida de la lengua está directamente
relacionada con la pérdida del maíz. Es que se pierden los
rituales y tradiciones de la siembra. Se pierde el conocimiento de
los ciclos de la luna. La pérdida del maíz es la pérdida de la
cultura indígena. Por esa razón es tan grave lo que hacen los
programas como Oportunidades, que promueve la división de las
comunidades, o Diconsa —que abastece de maíz y granos básicos
a las comunidades, sustituyendo la producción propia con
semillas que pueden ser transgénicos. El Procampo facilita el
abandono del trabajo pues sólo hay que decir que se tienen
tantas hectáreas para recibir un algo de dinero. El Procampo es
un incentivo para entrar en la dependencia monetaria, rendir la
soberanía de la comunidad y la tierra en una existencia
conjunta a los vaivenes de la economía monetaria.
– Antes, no había distinción entre trabajo y cultivos, a
cualquiera de ellos se le llamaba milpa indistintamente. Para el
trabajo de la milpa o ―hacer milpa‖ no hay distinción entre lo
ritual y lo técnico. El modo de hablarle al maíz y la importancia
de la lengua, los rituales para marcar que tenemos voluntad y
relación con la tierra, eran lo más importante. No es una
soberanía sobre el maíz, sino junto al maíz para vivir juntos, para
existir.
Ahora, el trabajo ha cambiado desde que el maíz perdió su
centro. El trabajo de la milpa era un motivo de fortalecimiento
de relaciones sociales, pues había necesidad de estar juntos y
unir las energías y las ideas. La Revolución Verde (agrotóxicos,
monocultivos, búsqueda del rendimiento masivo) es una
propuesta individualista, sustituye con objetos el acuerdo entre
personas. Así que a la vuelta del tiempo la tierra ya requiere una
cantidad impensable de trabajo o dinero en insumos que la
hagan producir. Los paquetes tecnológicos siempre llevan una
ideología oficial que los respalda y los hace ―aceptables‖, como
los programas del gobierno (Procampo, Progresa, Procede); hay
un pérdida de la educación en el campo de las nuevas
generaciones pues en las escuelas se les enseña a renegar de la vía
campesina. La introducción de los químicos hizo a la gente floja
y mató a las plantas que rodeaban al maíz. El maíz quedó solo.
Cuando son la épocas tupidas de trabajo en el campo, lo es
también para la pequeña parcela o para los campos de la
agricultura industrial. Así que entre más acecha esta última, más
es el robo de campesinos de sus propias tierras a los campos de
monocultivo, pues justo en el tiempo de más necesidad de trabajo
en el maíz llegan los enganchadores, a llevarlos al camino por
unos pesos y unas promesas de salario seguro, a diferencia de lo
que por todo esfuerzo ofrece la parcela propia: incertidumbre.
―Producir para vender y comprar para comer‖ es el resumen de la
pérdida de soberanía laboral y alimentaria de los pueblos del
maíz.
– Sí, ya lo oímos mucho, pero va de nuevo: el Procede [el
Programa de Certificación Ejidal para individualizar las tierras
y permitir que entren al mercado] es una estrategia clave para
exterminar al maíz y a sus pueblos. Hay personas que compran las
tierras ejidales y las transforman en potreros o en tierras de
monocultivo, dejando fuera el maíz. La urbanización es otro
factor para el abandono de la milpa, pues los campesinos tiene
que escoger entre el camino pavimentado y la tierra de labor.
– En cambio, donde pervive la asamblea, y donde hay tierra en
común, en colectivo, hay posibilidad de organizar el territorio,
es decir, la manera de vivir, las estrategias de supervivencia de
manera coherente, integral, congruente con los problemas que
se viven. Ahí se está recuperando el papel de las autoridades
comunitarias.
– Debemos rescatar la importancia que tiene el cultivo del maíz,
la milpa, para la agricultura campesina en los diferentes lugares
de México. Es el lugar que permite la supervivencia de la gente,
pues todos los alimentos giran alrededor del maíz. Esto marca
la relación de los campesinos con la tierra. De allí la ritualidad
que mantiene su carácter sagrado.
El cambio a las formas de producción agroindustrial del maíz
se encamina a promover y lograr la dependencia del afuera
perdiendo la soberanía en la relación con la tierra. Hay una
conciencia de cómo este cambio fue inducido por el gobierno,
con el interés de las empresas por detrás.
Cuando se considera el cultivo del maíz como negocio, es
imposible que sea rentable, sobre todo en pequeñas extensiones
como son la mayoría de las parcelas en el campesinado
mexicano. Pero es esta pequeñez la que ha propiciado la enorme
diversidad de semillas, es esta pequeñez la vía en un país
orográficamente disparejo.
Pero hay que estar convencidos de que aunque no sea
negocio, la siembra del maíz es crucial para la seguridad
alimentaria, la soberanía alimentaria de la familia, la comunidad,
la sociedad del campesinado.
La gente está tratando de regresar a las formas antiguas y
manejables en pequeña escala, ya que a la vuelta de los años
comprueba la inviabilidad de las propuestas industriales,
comerciales, para la siembra del maíz.
Es importante cuestionar el concepto de ―fondo‖ o ―banco‖ de
semillas, porque eso implica ya un primer acaparamiento, una
centralización, un primer desfase de los sitios donde se
conservan las semillas, más repartidas e invisibles para los ajenos.
– Es muy clara la interrelación que hay en todos los problemas
del maíz. De allí la necesidad de entrarle al problema con una
actitud integral. No es nada más una cultura, o un cultivo, es
un modo de vida completo, una visión del mundo. El maíz es por
un lado el trabajo y por el otro la alimentación, el sustento en
el sentido más amplio. Es la relación con todo, con la
naturaleza, con el territorio, con todo lo que es sagrado y
vital para las comunidades. Y esto está cambiando. Incluso se
puede trazar el origen de los problemas a las políticas
gubernamentales, con el comercio. Se pierde la diversidad y se
deja de ver, de entender la milpa (pues el maíz nunca va solo, el
maíz es comunidad). En el momento en que la vemos como
mercancía para tener dinero, es imposible que ―sea rentable‖. Se
cambia la propuesta de relación, la de la milpa, por el dinero. Por
eso una de las propuestas reiteradas en muchos lados es cómo
regresar a mercados más chiquitos, a maneras de trueque, a
intercambios locales, de tal manera que pueda regresarse a un
modo de vida manejable, que incluya un respeto por el todo.
Hay que distinguir entre precio y valor. Claro que el maíz que
cultivamos en las parcelas comunitarias ―no tiene precio‖, pero
hay que reflexionar sobre el valor que sí tiene, para las
comunidades, relacionar con nuestra producción propia de
alimentos, algo que sí queremos, una producción que es fondo
de fuerza y soberanía. Y una pregunta recurrente e importante:
cómo podemos encantar de nuevo a los niños y a los jóvenes
con lo que es el campo.
– Debemos recordar ciertas cosas que todos sabemos, que de tan
conocidas ya no las vemos, sobre todo cuando todo mundo
tiene problemas.
Uno. La biodiversidad. Es la vida que nos rodea. La diversidad
agrícola. Las plantas y algunos animales que cultivamos o que
criamos. Sin excepción, todo lo que se cultiva o lo que se cría
hoy día, incluso los híbridos y los transgénicos, proviene de lo
que a lo largo de los milenios han inventado los campesinos.
Como el maíz, que se fue criando, se fue cultivando, se fue
inventando. La papa, el arroz y así cada planta sin excepción
ninguna es creación de los pueblos indígenas y campesinos del
mundo. Todo lo que ha hecho la ciencia ha sido mínimo frente a
esa creación de la biodiversidad agrícola que han hecho los
pueblos a lo largo de la historia.
Dos. Para que los pueblos pudieran hacer todo eso, la premisa es
la existencia de la tierra misma, entendida como tierra de labor,
pero la Tierra misma, el planeta todo. Para poder acoger toda
esa diversidad la Tierra tiene que ser diversa. Si la Tierra fuera
plana, todo al nivel del mar, no crecerían las plantas de las
montañas, por ejemplo. Es necesario el calor, el frío, la altura, la
planicie, el desierto, el humedal, para que exista toda la
diversidad.
Esa Tierra que nos acogió, sin embargo, ha perdido su
capacidad ante la agresión de los agroquímicos, de la
urbanización, y ya no está pudiendo ser tan diversa.
Ésas son dos cosas básicas que hay que recordar siempre: si no
tenemos una Tierra que nos acoge, y si no tenemos pueblos
indígenas y campesinos capaces de cuidar esa vida, la
biodiversidad no tiene posibilidades y empieza a desaparecer.
Tierra más pueblos.
Los transgénicos son un modo de intentar destruir la unión
entre la Tierra y los pueblos. Ése es su objetivo. Ése es el negocio.
Entre más sea la relación entre pueblos y la tierra y la Tierra,
menos tendremos que comprar nada, pero el objetivo de los
híbridos y los transgénicos es el negocio. Comprar y perder la
autonomía.
Un pueblo que compra semilla y que compra comida es un
pueblo que no se puede mandar a sí mismo.
El ejercicio de hoy en día es recordar. Darnos cuenta qué es lo
que se hacía para conservar la vida.
Para conservar la diversidad de cultivos y del maíz, hay que
usarlo. Para defender al maíz hay que seguir cultivándolo. La
mayor amenaza al maíz nativo es que ya se cultiva poco.
Central para todo eso es mantener la identidad como pueblos.
Significa seguir comiendo aquello que hemos aprendido desde
siempre a comer como pueblos, significa seguir festejando como
se han hecho siempre, seguir dando las gracias y pidiendo a
través de esos festejos. La recuperación del maíz pasa por la
recuperación de la costumbre, de la tradición: su reactivación,
su fortalecimiento.
Hay que mantener la semilla y la tierra.
Alguien que pierde la semilla tiene muchas más posibilidades de
tener que migrar que alguien que todavía la tiene.
Mantener la semilla significa tener semilla de buena calidad. De
buena calidad para uno mismo, para la tierra a la que uno tiene
acceso, un semilla que responda a las necesidades y gustos de
cada pueblo. Si se uniforman los gustos o se tratan de
homogeneizar las necesidades, se pierde la calidad de las semillas:
su biodiversidad.
Hoy día existe toda esa riqueza que existe porque cada pueblo
tuvo derecho a mantener su costumbre, sus tradiciones, porque
hubo respeto de los devenires y las voluntades de cada quien,
de lo que es sagrado para cada pueblo. Y eso es lo que hace la
televisión: decirnos que hay que comer esto o lo otro
implicando que las cosas regionales, locales, no
industrializadas no sirven. Si queremos mantener toda esta
riqueza tenemos que mantener el respeto por lo que ha sido
nuestro y sagrado durante toda la historia.
Entonces la semilla que sirve a cada quien, ¡es la que cada quien
ha criado!
Cada pueblo, comunidad, tiene gustos distintos, condiciones
distintas, necesidades distintas. Y es imposible que haya una persona,
o una empresa o un instituto del Estado que sea capaz de crear
semillas que sean buenas para todos.
Si son miles y miles de campesinos que están produciendo la
semilla ¿será igual? No. La diversidad y la calidad también viene de
que haya mucha gente produciéndola. Que no se centralice la
producción de semilla es un elemento central para la
conservación de la semilla.
¿Cómo se cultiva la diversidad de semillas, día con día, año con
año? Conversando e intercambiando. No sólo se entrega la
semilla sino los saberes. Uno intercambia saberes. Las semillas
pueden ser distintas porque todos saben cosas distintas.
Para que haya semillas diversas tienen que haber saberes,
conocimientos, diversos. Pero el conocimiento lo sabemos a
pedacitos, y sólo entre muchos se hace un conocimiento
grande. No hay que olvidar jamás que todos sabemos. Cuando
aceptamos que alguien nos trate como ignorantes, como que
no sabemos, como que no tenemos ideas, estamos aceptando que
se pierdan saberes sobre la semilla.
Los transgénicos son como una enfermedad, y van a permanecer
por mucho mucho tiempo. Lo que hay que hacer es impedir que el
maíz se enferme.
Hoy día hay un ataque contra la biodiversidad, y el pueblo
que no tiene diversidad es un pueblo que se hace dependiente. Se
están cambiando las leyes para obligar a los campesinos de los
pueblos en su conjunto a hacerse dependientes. Para conservar
la diversidad uno tiene que hacerse las preguntas de cómo
conservar la vida, qué es lo que la ley permite y qué es lo que
necesitamos, con permiso de la ley o sin permiso de la ley. Por
ejemplo las leyes que impiden que las semillas viajen libremente. Es
así como el maíz llegó desde Mesoamérica a todo el mundo,
viajando, y ahora las leyes lo impiden, pero las organizaciones
campesinas en el mundo están decidiendo que las semillas van a
viajar, aunque lo intente impedir la ley.
– Estar en contacto con las penurias en cada lugar del
continente, pero también con la esperanza y los caminos de
resistencia que se van conociendo y las experiencias que ya
sirven.
La contaminación con maíz transgénico no fue un accidente.
No fue porque alguien trajo un bolsito del otro lado o porque
Diconsa repartió el grano y los campesinos lo usaron como
semilla, todo eso pudo haber ocurrido, pero es más importante
que nos demos cuenta que la contaminación con transgénicos
es un acto absolutamente intencional que se repite en todas
partes del mundo y que tiene como objetivo invadirnos de
transgénicos, imponerlos y cuyo objetivo es controlar nuestra
alimentación, convertir lo que eran los alimentos y parte de
nuestra vida en una mercancía que las corporaciones puedan
manejar y a través de ello nos puedan controlar. Ya no es una
hipótesis que hace unos 10 años discutíamos, es una realidad muy
cercana a una tragedia, por ejemplo en Argentina.
En Argentina la soya transgénica se comenzó a cultivar
masivamente en 1996, la soya RR, cuya característica principal es
que es resistente a herbicida y empezó a tener una expansión
enorme. Cada año creció la superficie de cultivo (inició con 300
mil hectáreas) hasta que en 2005 hay casi 15 millones de hectáreas
en Argentina, unas tres veces la superficie de Costa Rica. Esas 15
millones fumigadas con glifosato, que mata todo ser vivo que
no sea la soya RR.
El cultivo de los transgénicos en muchos lugares del Cono
Sur estaba prohibido. La estrategia de las compañías fue permitir
que los agricultores conservaran la soya que compraban a
pesar de que se supone que cada ciclo tenían que firmar un
contrato y comprarla de nuevo. Se permitió que la guardaran,
la volvieran a sembrar y la vendieran. Esa soya se vendió
clandestinamente a los agricultores grandes (50-3 mil hectáreas)
del sur de Brasil, a los de Paraguay y Bolivia, por fuera a de
legislación y en oposición a las organizaciones campesinas y
ecologistas. La estrategia fue ―contaminamos‖. Dejemos que la
soya circule, que cruce las fronteras.
Entonces comenzó a crecer la superficie cultivada con soya
transgénica a pesar de que había leyes que prohibían los
transgénicos. Entonces se comenzó a aceptar el cultivo de la
soya (nada menos que Lula) con la promesa de emitir leyes que
regularan los impactos ambientales. Hubo debate, promesas, pero
todo terminó con la emisión de una Ley de Bioseguridad
(también llamada Ley Monsanto) con la cual finalmente se dio
vía libre para el cultivo de los transgénicos.
La situación es más o menos parecida en Paraguay, en Bolivia, el
proceso es invadir, luego presionar al gobierno y finalmente
legalizar la manga ancha de las empresas de transgénicos.
Cuando ya teníamos 14 millones de hectáreas de soya en
Argentina, en 2004, Monsanto salió a decir bueno, señores, esta
soya que ustedes están sembrando es nuestra propiedad y
tienen que pagar por eso. Lo mismo pasó en Brasil y en
Paraguay. Lo que pide Monsanto es que el gobierno argentino
cree una ley de regalías globales por las cuales le cubre a
todos los agricultores un impuesto sobre su producción para
dárselo a Monsanto. Cobrar un impuesto a la producción para
dárselo a la corporación para pagar los costos de la
investigación. Pero si no ocurre eso, Monsanto amenaza con
plantarse en los puertos a donde llega la soya argentina para
cobrar las regalías (Unión Europea y China), a donde
Monsanto tiene la patente pues en Argentina la solicitó a
destiempo y no opera. Éstas son las cosas que están en juego
con los transgénicos. Y claro, está el caso de Percy Schmeiser y
la canola, donde el campo se contamina y Monsanto demanda
y la corte encuentra culpable a la víctima, de haber sido
contaminada.
Cada año hay una cantidad enorme de expulsados del campo
en Argentina, pues para cada 500 hectáreas se solicita solamente
un trabajador para cultivar. Además estas 15 millones de
hectáreas también se han sembrado a fuerza de desforestar y
avanzar sobre montes y zonas campesinas. Luego a los
expulsados del campo les dan soya forrajera transgénica para
que sobrevivan, o llega masivamente a esas zonas marginales
como ayuda alimentaria, cuando no está comprobada su
inocuidad para consumo humano.
– Para que se fortalezca entre las organizaciones y las
comunidades la lucha por la defensa del maíz, es necesario que
haya seguimiento de la formación y la información de la gente,
que sigamos esparciendo la información y buscando el modo de
seguir asistiendo a las reuniones. Hay que seguir tejiendo a nivel
internacional.
Tener estrategias para la difusión de la información, pues el
gobierno y las empresas siempre tienen forma de monitorear y
fichar y evitar que nos comuniquemos al tiempo que tienen el
monopolio de los medios masivos.
La información es para aumentarnos la capacidad de decir no.
En los lugares donde hay intercambio, como en las zonas
huaves, se puede ir cuidando lo que se intercambia.
Usar las radios comunitarias para difundir la problemática del
maíz.
Los tianguis indígenas, en general los mercados locales, son
espacios de recuperación de la soberanía del maíz.
La educación formal capacita técnicos para que sirvan en las
empresas y enajenar a la gente de sus orígenes. Debemos tener un
espacio real con los niños, más allá de la escuela, para que
escuchen también del trabajo del campo.
Los pueblos nos han enseñado que la salida para acabar con los
transgénicos no es destruir el maíz, sino cuidar la semilla,
mantenerla, ver cómo darle vida.
– En lo técnico, en la selección de plantas y semillas sin
transgenie, ¿sería posible cuidar el tiempo de polinización para
evitar las mezclas de maíces?
– Hay una diferencia fundamental entre los híbridos y los
transgénicos, los híbridos dan plantas de maíz sumamente pobres,
débiles, donde la primera generación está arreglada para
funcionar bien, pero a la segunda generación ya no funciona.
En el campo, los híbridos se van enriqueciendo y se va pareciendo
cada vez más en una planta nativa.
El transgénico es como si tuviera un tumor, con el agravante
de que no sabemos qué va a hacer, a lo mejor la planta sobrevive
o a lo mejor se muere o a lo mejor se mueren todas las plantas
con ese tumor. Y por si fuera poco, el agravante es que ese
tumor se transmite, a través del polen.
Entonces de una planta con tumor —una transgénica— van a
salir muchas más a la próxima generación, ésta es la
contaminación. Entonces, las plantas se seleccionan, las semillas
se seleccionan, porque no todo nos sirve y hay que quedarnos
con lo mejor. Con los transgénicos hay que hacer algo similar,
hay que aprender a reconocer y sacar las plantas que tienen ese
tumor y quedarse con aquellas plantas que no se enfermaron.
Pero no puede aprender uno solo, hay que aprender en
conjunto, igual que aprendimos a tener y cuidar las variedades
que tenemos.
Estas plantas fueron enfermadas desde afuera, a propósito, y
con el fin de que se enfermen todas. Probablemente el gobierno
va a proponer en algún momento eso que nosotros ya
comprendimos que no es la salida, el exterminio de variedades
nativas, la quema, la intervención de entidades ajenas a la
comunidad (laboratorios, empresas, fuerzas armadas) en un
discurso de erradicar la contaminación del maíz.
Hay que prohibir los transgénicos de hecho, sin pedirle permiso
al gobierno, en una normatividad comunitaria que es
completamente legítima. Hay que impedir que entren los
transgénicos con o sin ley.
– No sabemos en qué vamos a estar dentro de tres o cuatro años,
pero ahora sabemos que tenemos que desarrollar la observación
y las capacidades que ya existen dentro de las comunidades para
saber qué cambios puede haber. Nosotros podemos entender que
ha habido un crimen contra el maíz y contra el corazón de las
comunidades, entonces hay que tratar al maíz de otra manera. Es
como cuando vemos una planta fea, de por sí la quitamos, o
evitamos que polinice. Entonces posiblemente con el maíz
transgénico veamos diferencias, por lo que hay que agudizar la
observación para quitar esas plantas posiblemente transgénicas.
Los campesinos ven todo el tiempo. Entonces una forma de
avanzar es ver pero compartir con toda intención y velocidad
lo que estamos viendo, en las reuniones —aquí se da por hecho
la importancia de las reuniones regionales— y en ellas decir lo
que hemos visto que va cambiando en las parcelas.
– Es muy descorazonador saber de la contaminación y que es un
monstruo inasible, pero también debemos tener siempre presente
que no hay nadie en el mundo, ningún científico, ningún
agrónomo que iguale en recursos tecnológicos de la mayor
fineza y pertinencia a los que tienen los campesinos. Sólo ellos
podrían hacer algo en sentido contrario a la contaminación.
Esa conciencia es el mensaje que le podemos pasar a otras gentes
que están atravesando el trauma de comprender lo grave del
hecho de la contaminación transgénica.
Debemos entender plenamente las posibilidades de controlar la
polinización como una forma de aislar, evitar, la
contaminación transgénica.
– El diálogo con el maíz va más allá de lo que se hace a nivel de
la milpa, físicamente, tiene que ver también con la identidad, la
lengua, las ceremonias. Y así también, al reconstruir el maíz, no se
reconstruye solamente el maíz, sino todo lo demás, lo tangible
pero también lo intangible. Contra la visión uniforme unilineal
de las empresas y los fitomejoradores pagados, tenemos a
nuestro favor la visión rica y multifacética, plena de recursos
de todos tipo, para la creación perpetua del maíz.
* Participaron como organizaciones acompañantes el Centro de
Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), el Grupo ETC,
y Ojarasca.
GRAIN